Los trastornos de la personalidad son una patología que afecta a entre el 5% y el 15% de la población. Se dan tanto en hombres como en mujeres e impiden que la persona se adapte a su entorno y generan un importante sufrimiento psicológico. Los primeros síntomas se dan durante la adolescencia o al inicio de la edad adulta. A pesar de que entre la comunidad científica predomina la idea de que su origen se debe a una suma de factores biológicos y ambientales, muchos especialistas consideran que la raíz de estos trastornos hay que buscarla en la infancia. Su tratamiento se realiza, por norma general, con una combinación de psicofarmacología y psicoterapia.
"Creo que hay muchas personas con trastorno de la personalidad que están sin diagnosticar y que, de manera clara, llevan una vida de no adaptación al medio", según Elisabeth Sogorb, psicóloga especializada en el trastorno límite de la personalidad en la Fundación ACAI-TLP. Aunque no reciban tratamiento, la intensidad de estos trastornos suele disminuir con la edad. Por otro lado, la prevalencia es mayor en ambientes marginales y de desintegración social, y cuando se mejoran las condiciones en estas zonas, las cifras disminuyen.
"Lo principal son los primeros vínculos del bebé con el entorno: padre y madre. Si se crea un buen apego, la personalidad se puede formar con confianza y se pueden generar buenos relaciones también con el exterior y con las personas de fuera de la familia (colegio, amigos, etc.). Aunque las causas son múltiples: hay aspectos biológicos y genéticos que hacen que la persona sea más vulnerable a padecer un trastorno de la personalidad, ya sea por su extrema sensibilidad o porque es muy reactiva. Y si, además, se forma en un ambiente no contenedor, desestructurado, que no entiende su sensibilidad, se puede producir un trastorno de la personalidad.
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